Un estudio de pilates que vivía en WhatsApp dejó de perder clases
menos no-shows
reservas recuperadas al mes
en dejarlo andando
Los estudios de pilates, yoga y spa viven en WhatsApp. Ahí cotizan, agendan, confirman y cobran. Y ahí mismo, sin darse cuenta, pierden dinero todos los días.
Para un estudio boutique, WhatsApp no es un canal más: es la recepción, la agenda y la caja al mismo tiempo. Los mensajes llegan a toda hora, y muchos caen fuera del horario en que hay alguien para contestarlos.
El problema no es la falta de interés, es el volumen. Una sola persona no alcanza a responder todo, y cada mensaje que se queda sin respuesta a tiempo es una clase que se enfría: quien no confirma no llega, el lugar se queda vacío, y recuperarlo después es casi imposible.
Le armamos un agente que vive dentro del WhatsApp del estudio y conoce su operación: el catálogo de clases, los precios, las políticas de cancelación y el tono con el que habla la marca.
Contesta las dudas de siempre al instante, agenda y reagenda viendo los cupos reales, manda los recordatorios y cobra el anticipo con un link de pago, sin que nadie del equipo tenga que estar pegado al teléfono. Cuando un caso necesita criterio humano, lo detecta y lo pasa a una persona con todo el contexto de la conversación.
Lo construimos primero para un estudio, midiendo cada semana qué tanto movía la aguja. Funcionó tan bien que dejó de ser un proyecto a la medida: se volvió Amyra, un producto que cualquier estudio de wellness deja andando en 48 horas sin tener que construir nada desde cero.
Los no-shows bajaron 47% y el estudio recupera alrededor de 22 reservas al mes que antes simplemente se perdían. El equipo dejó de vivir en el celular y volvió a enfocarse en lo que pasa dentro del estudio.
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